Brexit – Agencia Europea de Medicamentos: destino Barcelona

Artículo de opinión de Gabriel Masfurroll, Presidente del Consejo de Administración de Mi Tres Torres, y del Consejo Social de la Universitat Autònoma de Barcelona. Si el mundo en el que vivimos fuera racional, probablemente este artículo no debería publicarse. ¿Por qué? Sencillamente porque ni el Brexit ni otras decisiones que han sucedido y siguenLeer más

Artículo de opinión de Gabriel Masfurroll, Presidente del Consejo de Administración de Mi Tres Torres, y del Consejo Social de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Si el mundo en el que vivimos fuera racional, probablemente este artículo no debería publicarse. ¿Por qué? Sencillamente porque ni el Brexit ni otras decisiones que han sucedido y siguen aconteciendo por todo el mundo, no se habrían producido. Empiezo a creer en el efecto mariposa. Pero nada es lo que parece, ni parece que nada es como la razón dice que debería ser. Dicho esto, querría exponer a continuación el porqué Barcelona debería ser la sede de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), actualmente basada en Londres. El Reino Unido decidió, hace unas semanas, salir de la UE y esta decisión está generando un sinfín de consecuencias, no especialmente buenas ni para ellos ni para la UE y cuyo impacto se prolongará en años.

La EMA empezó a operar en Londres en 1995. De hecho, ya en 1992, Barcelona se postuló para albergar su sede, pero a pesar de ser un año mítico para la ciudad, no lo conseguimos. La EMA ha aprobado desde su fundación casi un millón de medicamentos, tanto para uso humano como veterinario. Funcionan en su seno 30 grupos de trabajo y 7 comités científicos y más de 4.000 expertos de 30 países están involucrados con la Agencia.

¿Y ahora cuál es el siguiente paso? Pues algo tan sencillo y a la vez tan complicado como presentar una candidatura atractiva, solvente, consistente y coherente que permita un traslado nada fácil a la nueva ciudad sede. Y es ahí donde aparece la incoherencia, que no la solvencia y consistencia.

Barcelona, guste o no, es sin lugar a dudas la capital de la salud del sur de Europa. Más de 200 laboratorios farmacéuticos están afincados en Catalunya. Hospitales públicos y privados con profesionales de enorme prestigio y reputación forman parte de una red de centros que recibe y trata a pacientes de todo el mundo de forma constante. Las universidades barcelonesas ocupan destacadas posiciones en rankings internacionales en el ámbito de la investigación, también de la mano de sus hospitales asociados. Prestigiosos profesionales locales ocupan posiciones estratégicas en las instituciones sanitarias más importantes del mundo. Ahí tenemos la solvencia y la consistencia. Si a ello añadimos el cosmopolitismo de una ciudad extraordinariamente atractiva a nivel mundial, capaz, emprendedora e innovadora y acogedora – pregunten sino a Cervantes –, creo que no deberían existir dudas. Pero surge una vez más la incoherencia y me atrevería a decir que también el surrealismo.

Vayamos por partes. La ciudad de Barcelona ha declarado públicamente su deseo de presentar la candidatura para albergar la sede de la EMA. El teniente de alcalde Collboni acaba de anunciar un ambicioso plan para promocionar la ciudad en distintos ámbitos. Por su parte, el Govern de la Generalitat, a través de su conseller de Salud, Toni Comín, ha expresado su deseo de presentar y apoyar la candidatura de Barcelona a la EMA. Y en cuanto al gobierno del Estado, éste a su vez, a pesar de que tiene distintas opciones, pues Málaga, Granada, Alicante o León también se postulan, ha decidido apoyar Barcelona. El gobierno estatal está barajando también la candidatura para Madrid de la Autoridad Bancaria Europea. Y ahí está el segundo dilema. Seguro que la ministra Dolors Montserrat estaría feliz de poder presentar la candidatura de Barcelona, pero el azar político juega en contra. Las tres instituciones que gobiernan y tienen poder para conseguir que la candidatura venga a Barcelona, tienen colores políticos distintos. La gran paradoja es que parece que quieren lo mismo, pero parece muy difícil aunar esfuerzos y obviar diferencias partidistas. Las diatribas políticas, los intereses particulares, parece que se sobreponen a los intereses de país, de la ciudad, de los propios ciudadanos. Curioso, pero está en la línea de lo que ocurre en todo el mundo. La irracionalidad y la incoherencia tienen a veces mucha fuerza. Quizás el tan manoseado y utilizado «diálogo» podría empezar por ahí. «Dame una palanca y moveré el mundo». Debo reconocer que ya se ha dado el primer paso creando una comisión de soporte que presidirá nuestra rectora de la UAB, la doctora Margarita Arboix, cuyo conocimiento de la Agencia es muy importante, pues trabajó en ella durante muchos años y conoce como nadie los entresijos y las personas.

La EMA es la palanca; Barcelona, Catalunya y España son el mundo. Somos muchos los que estamos dispuestos a apoyar y ayudar, pero la decisión no está en nuestras manos. La sociedad civil, seguro que quiere. Las universidades catalanas y especialmente las de Barcelona, veríamos reforzado y potenciado de forma considerable nuestro ecosistema, a la vez que la UAB y el resto de universidades podrían aportar su reconocido conocimiento en investigación médica a la Agencia y por ende a la sociedad. La EMA le reportaría a la ciudad, además de puestos de trabajo, la llegada de talento, multiculturalidad, emprendimiento e innovación que sin duda ayudarían a reforzar esta Barcelona, capital de la salud, y que lo sea ya no del sur de Europa, sino de todo el continente y referente en el mundo. ¿Estamos preparados? ¿Seremos capaces de renunciar a otros intereses para conseguir un bien común? Es la pregunta del billón.

Somos muchos los que estamos dispuestos a ayudar y empujar, pero no somos los que debemos tomar la decisión política. Ahí tenemos la oportunidad y con muchos vectores positivos. Parece que la voluntad política se va alineando. Ahora necesitamos recursos para potenciar la candidatura, y por supuesto y que nadie lo dude, el apoyo de la sociedad civil, que es crucial, apoyo real, proactivo y no sólo de palabra. Está en nuestras manos. ¿Si lo conseguimos con los JJOO de 1992, por qué no ahora? No desperdiciemos esta gran oportunidad, tenemos todos los mimbres para ganar. Som-hi!

20 de marzo de 2017

Artículo original publicado en este enlace.

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