UAB, 50 años. Autónoma, quincuagenaria y líder

Artículo de Gabriel Masfurroll Lacambra, Presidente del Consell Social de la Universitat Autònoma de Barcelona. Este es el quinto curso en el que tengo el placer, el honor y el orgullo de presidir el Consejo Social de la Universidad Autónoma, el órgano de participación (y de representación) de la sociedad en la universidad: la rótulaLeer más

Artículo de Gabriel Masfurroll Lacambra, Presidente del Consell Social de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Este es el quinto curso en el que tengo el placer, el honor y el orgullo de presidir el Consejo Social de la Universidad Autónoma, el órgano de participación (y de representación) de la sociedad en la universidad: la rótula que la integra a su entorno económico, político y social. Un actor que es garante del patrimonio de la institución porque así se lo encarga la ley, pero que es, también, un organismo con perfil y proyectos propios al servicio de la UAB, siempre en coordinación con el equipo de gobierno liderado por la rectora Margarita Arboix.

Este, sin embargo, no es un curso más. En un acto el pasado el jueves 21 de septiembre en el claustro del monasterio de Sant Cugat, iniciábamos la celebración del 50 aniversario de la Autónoma. Los asistentes escuchamos a Federico Mayor-Zaragoza y disfrutamos de los Comediants entre los capiteles románicos de los siglos XII y XIII. En ese cuadrilátero fascinante, costaba resistirse al tópico de marco incomparable. Estábamos donde teníamos que estar; ningún otro emplazamiento habría
sido mejor porque estábamos en un espacio que tiene varias connotaciones. Por lo menos, cuatro.

Estábamos en el claustro en que, hace 50 años, se abrió el primer curso académico de la Universidad Autónoma de Barcelona; medio siglo después, es una de las universidades más grandes y prestigiosas del país, líder en los rankings. Una de las 200 mejores del mundo según el de Times Higher Education (THE), hecho público hace pocos días; sólo hay dos universidades españolas al frente de la clasificación, y ambas, públicas y catalanas.

Estábamos en un monasterio. Las primeras universidades están ligadas al mundo eclesiástico. «Rectora”, “claustro”… La terminología universitaria delata estos orígenes.

Estábamos en un claustro. En catalán, la palabra está documentada desde el siglo XIV, y significa “cercado, vallado”. Un lugar cerrado, hermético. Precisamente, lo que la universidad en general y la UAB en particular no deben ser nunca —y ya no son— ante el resto de la sociedad; sobre todo, ante la empresa y otros agentes activos estratégicos. Debemos ser abiertos, transparentes, líquidos, porosos. Somos la pieza de un engranaje: el conjunto de la sociedad.

Y, finalmente, estábamos en un edificio medieval que no sólo evoca la voluntad del ser humano de saber, sino, también, la voluntad colectiva de ser de este país.

No sólo ese marco —el claustro— era incomparable. El momento también es único. Para la universidad (especialmente, la pública, claramente infrafinanciada); para la Autónoma como auténtica universidad ciudad; para el país, sin duda. El futuro de la institución y el de la sociedad catalana están en manos no sólo de quienes ejercemos cargos de responsabilidad, sino de todos y cada uno de los miembros de estas dos comunidades.

Toca celebrar, que es justo y necesario, pero, también, trabajar. La UAB alcanza el medio siglo con tres grandes retos; junto al rectorado, el Consejo Social trabaja en ellos día a día. Hay otros, pero dejadme subrayar la transferencia, la pertenencia y la financiación.

Primer reto: la transferencia. No nos podemos permitir el lujo de que el conocimiento que generamos no cree todo el trabajo y bienestar posibles en la sociedad con su aplicación real. La universidad —ni esta ni ninguna— no puede ser impermeable o poco permeable a la empresa ni a otros sectores clave de la sociedad. Nunca enclaustrados, nunca cerrados; siempre abiertos. Pero, también, en la palabra “transferencia”, falta un adjetivo: “mutua”; es decir, de la universidad a la sociedad, y de la sociedad a la universidad. De ida y vuelta.

Segundo reto: la pertenencia. Los alumnos de la Autónoma siguen formando parte de la comunidad universitaria cuando terminan los estudios. Tenemos la responsabilidad de aportar valor a los ex alumnos (los alumni) y la oportunidad que aporten valor al resto de la comunidad universitaria, y que, además, así, los vínculos de universidad y sociedad se fortalezcan. Desde el Consejo Social, hemos impulsado la reciente creación de Alumni UAB. Sintámonos más orgullosos de ser, para siempre, UABers. Seamos embajadores de la marca UAB.

Y tercer y último gran reto: la financiación. La universidad pública de este país requiere los recursos suficientes para llevar a cabo la tarea vital que tiene encomendada. No se trata de un gasto, sino de una inversión en nosotros mismos como sociedad, que la universidad ha de gestionar, obviamente, con austeridad y con eficiencia. Esta sequía financiera se suma, en el caso de la UAB, a los que llamamos costes de ciudad: el campus de Bellaterra es único, singular, y exige un trato específico, diferenciado. Y también —y esto ya es cosa nuestra—, la Autónoma ha de sacar el máximo provecho de esta enorme infraestructura ante el cambio de paradigma universitario.

No duden que el Consejo Social hará todo lo que pueda y más para ayudar la Autónoma a tirar y a mirar adelante. No duden que haremos piña para que afronte el futuro sin olvidar nunca de dónde viene, aprendiendo de los errores del pasado y reforzando sus aciertos. No duden que cumpliremos nuestro deber de velar por la buena aplicación de los recursos públicos a la universidad. Ni duden que cumpliremos nuestro compromiso de facilitar el máximo acercamiento y la máxima integración de la sociedad en la universidad, y viceversa.

Claro que debemos continuar liderando la investigación, fomentando la emprendeduría, luchando por la equidad y la solidaridad, cuidando nuestros públicos. Pero lo haremos más y mejor, seremos mucho más útiles, si escuchamos el entorno, si colaboramos, si estamos muy cerca de todos los actores que nos rodean; cada uno, en su papel. Lo escribió Neruda: “Para que nada nos separe, que nada nos una”. ¡Por muchos años, por muchos éxitos, UAB!
Gabriel Masfurroll
Presidente del Consejo Social
22 de septiembre de 2017

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